Una vez conocí un lugar… | ¿Contar o no contar? Secretos viajeros

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Conozco…  un restaurante en la costa catalana donde hacen los mejores arroces del mundo mundial y no hay ni un sólo turista. Eso sí, si no reservas no hay un hueco libre. Una playa desierta en el Sudeste Asiático donde ver la vida pasar en soledad es un verdero placer. Un acantilado en Menorca donde disfrutar las mejores puestas de sol de la isla y en solitario. Una aldea perdida, donde son felices estando perdidos. Un rincón entre viñedos que es mi paraíso particular….

Pero quizás nunca lo cuente. Ni jamás escriba sobre ello. Será uno de mis secretos viajeros.

Un golpe de pluma (o de teclado) puede acabar destruyendo ese paraíso particular y pasar de un ser un secreto a ser convertido en un lugar con una invasión masiva de turistas.

Todos queremos conocer esos rincones o lugares mágicos fuera de los circuitos turísticos tradicionales, el archiconocido «off the beaten track». Que nos cuenten aquel lugar que nadie conoce y es mágico. Pero cuando lo hemos hecho público, y las voces han corrido, muy posiblemente ya nunca será lo que era. Aunque nos pese.

Realmente si un lugar recibe muchos turistas y visitantes es porque el lugar encierra una belleza indescriptible u ofrece algo especial. O al menos lo hizo alguna vez. Y evidentemente también disfruto compartiendo lugares , de la misma forma que disfruto descubriéndolos.

Pero también creo que es responsabilidad de lo/as que escribimos sobre viajes y lugares, o los promocionamos de una forma u otra, valorar el impacto que puede tener revelar esos «secretos» sobre el lugar en concreto y sobre la gente (por no decir la fauna y la flora) que vive en él y sobre sobre sus costumbres.

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Esto una vez fue una playa apacible…. Via secondose.com

Además de viajera, y de escribir sobre viajes, me dedico profesionalmente al turismo. Y no voy a negar, que muchas veces me encuentro en un serio dilema ético. Me considero una buena profesional (o al menos lo intento) y como gestora de un destino, me desvivo para promocionarlo y descubrir a los clientes los mejores rincones del lugar, para llevar más turistas a los establecimientos a los que a mi me gustaría ir como turista y donde creo que merecen tener más volumen de negocio por su buen hacer. Pero me esfuerzo del mismo modo para intentar potenciar un turismo responsable y sobre todo sostenible. De la misma manera que intento hacerlo cuando viajo por el mundo.

Aún recuerdo horrorizada lo que me encontré en Maya Beach en las islas Phi Phi de Tailandia, la famosa playa de la película «La playa». Un lugar tremendamente bello, eclipsado por la jauría de cientos de turistas que invadían el lugar. Yo incluida. Fue horrible. No puedo describirlo de otra forma.

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Esto es un pequeño aperitivo de lo que encontramos al legar a Maya Beach. Los cientos de turistas que tenía detrás, no fui capaz de fotografiarlos.

Todos sabemos de aquella aldea que no hace tantos años era un lugar perdido en la selva, donde podías pasar días unos días conviviendo con los habitantes del lugar, con una hospitalidad desbordante y que alguien nos contó que existía. Hoy recibe cientos de turistas. Sus habitantes perdieron también su sonrisa amable y su forma apacible de vida. ¡Ah! Y los niños vagan por las calles, pidiendo dinero por sacarse una foto contigo. Por supuesto, nada de ir al cole. Es más rentable que se conviertan en una «fuente de ingresos»

O aquel restaurante u hotel que tenía la mejor relación calidad-precio del lugar hasta que nosotros, los turistas, llegamos con nuestra guía de viajes bajo el brazo.

Ese fue el final del encanto, cuando alguien nos lo contó, o salió en un reportaje en la tele, o lo vimos en una revista u otra publicación. El «secreto» mejor guardado se desvaneció. Y el efecto «wow» desapareció cuando cientos, miles de turistas descubrimos ese lugar super genial que «nadie más que nosotros conocía». Y entonces salimos buscando de nuevo lo «auténtico» y la rueda volvió a girar de nuevo. En busca de un nuevo y revelador secreto.

Y sí, disfruto contando los lugares que he visitado y soy feliz sabiendo que a veces colaboro ni que sea un poquito, a que un negocio prospere un poco más por hablar sobre él. O que un destino recibe más turistas gracias a que inspiramos a otros viajeros a visitarlo. O que alguien ha descubierto un lugar que le ha fascinado gracias a mi. Y me encanta compartir secretos y rincones con todos mis lectores y con mis amigos. Y quiero y deseo que los que me léeis también tengáis la oportunidad de descubrir los lugares mágicos que he tenido la suerte de conocer. Muy posiblemente yo también lo descubrí porque alguien me lo contó. Y sé que este post quizás sea incluso un poco controvertido. Pero es nuestra responsabilidad valorar si ese lugar quiere ser descubierto y si sus gentes quieren que el turismo les «robe» su forma de vida o no. Y por supuesto, en caso afirmativo, hacerlo con el mayor respeto  por sus costumbres y forma de vida. Nosotros somos siempre los invitados.

También el destino tiene algo que ver en cómo gestiona esos flujos turísticos, eso no lo vamos a negar.

Yo espero seguir contándoos durante mucho tiempo que una vez conocí un lugar… y contaros algún que otro secreto. Pero sólo alguno. El resto permanecerá en mi memoria. A menudo ni siquiera en mi cámara de fotos.

 

¿Y tú qué opinas? ¿Crees que debes contar al mundo entero aquel fantástico lugar que descubriste? ¿O es mejor que permanezca  como el  secreto mejor guardado?

EL DEBATE ESTÁ ABIERTO.

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Carol Gutiérrez

Carol Gutiérrez | Viajera por necesidad vital y soñadora sin remedio. Técnica en turismo y travel planner de profesión. Pasión por Asia, las islas del mundo, la música, el vino y la gastronomía. Más sobre mi

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