Europa, Francia, Périgord

Viaje al Périgord: Sarlat- Les Eyzes-Périgueux-Hondarribia

Antes de proseguir con nuevas entradas sobre mi último viaje a Camboya, me gustaría finalizar el relato que empecé sobre mi viaje al Périgord.

Sarlat

Hoy era nuestro último día en Sarlat, y como coincidía en sábado, día en que se instala por las calles de esta ciudad un famoso mercado, decidimos madrugar y pasar la mañanita visitando más tranquilamente la capital del Périgord negro y disfrutando del mercado.

El mercado de Sarlat está dividido como en dos partes. La dedicada al típico mercadillo de ropa, realmente con buenos precios y la vertiente gastronómica del mercado, repartido por todos los callejones y calles del centro histórico de esta ciudad. Surtidos puestos de foie, quesos, macaroons, salchichones y otras delicias, que hacen que la vista se deleite, tu boca empiece a salivar y tu bolsillo a temblar sin remedio…

Pasamos la mañana disfrutando de las animadas calles de Sarlat , del ambiente del mercado y haciendo un buen cargamento de foie , quesos y macaroons, tras la difícil decisión de escoger uno u otro foie o queso, ya que era imposible llevarse todos… Antes de proseguir camino, comimos en un restaurante al aire libre en una de las hermosas placitas de esta ciudad y nos despedimos del Perigord Negro, tomando rumbo hacia Périgueux.

Aunque en un inicio nuestra idea era haber ido a alguna cueva antes de ir hacia Périguex, el paseo entre quesos y foies nos había consumido la mañana, así que decidimos tirar millas para poder aprovechar el tiempo en la capital del Périgord blanco.

Hicimos una paradita por el camino en Les Eyzies . Una población sita en el Valle del Vezere,  cuyos alrededores albergan gran número de enclaves arqueológicos y prehistóricos, como las cuevas de Lascaux.

La localidad de les Eyzies-de- Tayac es patrimonio de la Humanidad . En la fortaleza troglodítica  que se encuentra en el centro de la población, muy parecida a la que habíamos visto ya en La Roque Gageac, se hallaron en el siglo XIX los primeros esqueletos de cromagnones y los ejemplos más antiguos conocidos de Homo sapiens-sapiens.Estos descubrimientos y otros pueden verse en el Museo Nacional de Prehistoria, que nosotros no visitamos, pero que creo que puede ofrecer una muy interesante visita.

A primera hora de la tarde llegamos a Périgueux. El mejor descubrimiento para mi de todo el viaje. Es un lugar con el que no tenía muchas expectativas, y realmente fue de lo que más me gustó.

Nos alojamos , por 43€ en el Hotel Ibis Périgueux Centre. Un hotel sin pretensiones, pero muy confortable, y realmente bien situado, justo donde el casco Antiguo tiene su inicio, y a orillas del río l’Isle.Nuestra ventana se topaba directamente con la parte trasera de la Catedral de Saint Front.

Vista de la Catedral de Pérogueux desde nuestra habitación

Périgueux es una ciudad vibrante que me hizo sentir como si estuviera en una ciudad del Mediterráneo.Me sentí realmente agusto. Sus brillantes edificios de piedra blanca me recordaron de alguna manera a algunas ciudades croatas. Fue realmente bello recorrer sus tranquilas calles y callejas. Las paradas en deliciosas placitas escondidas y terrazas relajadas con un agradable ambiente de sábado por la tarde, donde los lugareños tomaban algo entre calurosas charlas.Me pareció una ciudad “real” y deliciosamente habitable, al contrario de la sensación que tuve en Sarlat, que aunque muy bonita, me había parecido un poco parque temático.

Recorrimos todo el centro historico haciendo una ruta medieval-renacentista , con el mapa en mano que nos habían facilitado en la oficina de turismo de esta localidad.

Périgueux fue la antigua ciudad de Vesunna, por lo que hay numerosos vestigiosos de aquella época. Hay una zona Galo-romana, donde se ecuentran el templo del siglo II de Vesone- diosa que dió nombre a la ciudad romana- , parte de la muralla y calzada romana, el Museo Galorromano Vesunna, y otros puntos que seguro hubieran sido de gran interés.Pero emulando a los habitantes de Périgueux, decidimos acabar la tarde tertuliando en alguna de las terrazas que invadían deliciosas placitas y cenando las últimas exquisiteces de esta zona al aire libre hasta altas horas de la noche(teniendo en cuenta siempre que estábamos en Francia). No pudo ser mejor manera de finalizar nuestro viaje.

Una de las tantas placitas de Périgueux. Esta era mi preferida….

A la mañana siguiente, cuando las orillas del río l’Isle, estaban ya repletas de ciudadanos paseando relajadamente, dejamos esta fantástica zona de Francia para dirigirnos ya para casa.

Una parada en la bellísima ciudad vasca de Hondarribia, para comernos un pescadito y en un par de horas, nuestro viaje por tierras galas había concluido.

Sin duda, fue un viaje exquisito (en todos los sentidos) y una zona de la que guardo un gratísimo recuerdo, a la que estoy deseando volver y que os recomiendo fervorosamente.

 

¿Te ha gustado el artículo?

Recibe los nuevos artículos directamente en tu correo y no te pierdas ninguna novedad

¡Bravo ya estás suscrito/a!